10 diciembre 2008

El juego de los velos

"Aprendemos a amar no cuando encontramos a la persona perfecta,
sino cuando llegamos a ver de manera perfecta a una persona imperfecta."
Sam Keen
Cuando "el juego de los velos" acabó yo ya sabía que entre nosotros todo había terminado. Hacía ya un tiempo en que el último había caído, pero yo me había resistido a reconocerlo.
Cuando él me dijo que yo nunca le había querido quise decirle que eso no era cierto, pero por entonces ya sabía que si lo era, aunque no de la forma que él pensaba.
Se me pasó por la cabeza decirle que él tampoco me había querido, pero supe que él lo entendería como el reproche que no era, y eso era lo último que necesitábamos.
Quise explicarle que cada una de las veces que dije te quiero lo decía de corazón, sólo que se lo decía a la persona que yo amaba, y no a él.
Quise hacerle entender aquello, pero a veces querer no basta.

No sé porqué me vino a la mente aquel nombre: "el juego de los velos".
Cuando le conocí me formé una imagen idealizada de él, supongo que como todo el mundo hace cuando se enamora de alguien. Enfocamos en esa persona todos nuestros anhelos, deseando que sea esa parte que sentimos nos falta, aquello a lo que alguien quiso llamar nuestra alma gemela, media naranja o cualquiera de los muchos calificativos que se le ha dado.
Luego, poco a poco vamos descubriendo cosas que rompen esa imagen, y uno a uno esos velos que nos ciegan van cayendo.
Si tienes suerte descubres que lo que hay al otro lado no es lo que tu creías, pero sí lo que necesitabas y lo que amas.
Si no la tienes, ves cómo el último velo cae y tienes que decidir entre vivir una mentira o ser lo suficientemente valiente para comenzar a jugar desde el principio.

Hoy vuelvo a jugar a ese juego, de momento sé que a quien amo es al amor, y no a él, pero ¿quien sabe? quizás cuando todos los velos caigan descubra que a quien amo es a él, y que el amor es sólo mi fiel amante.

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24 septiembre 2008

Ni inocentes, ni culpables

"Un hombre y una mujer verdaderamente enamorados
es el único espectáculo de este mundo digno de ofrecer a los dioses."
Johann Wolfgang von Goethe

ÉL
Hace un mes conocí a la mujer de mi vida. Hace tiempo que había dejado de creer que esa clase de amor existiera. La madurez es un gran antídoto contra ese tipo de cosas. Y sin embargo, en cuanto la vi supe que era ella. Me gustaría ser capaz de explicarlo pero no sé como hacerlo. Me fui a Lisboa con una vida estructurada y feliz, o al menos eso creía. Quizás ahora diría que era simplemente satisfactoria.
Lo gracioso es que ELLA es de aquí, de esta misma ciudad. Una ciudad lo suficientemente pequeña como para que nos hubiéramos cruzado en algún momento y sin embargo el caprichoso destino quiso que fuera allí donde nos conociéramos.
Debería ser completamente feliz, sin embargo no es así...

ELLA
Hace un mes le conocí. No sé qué me impulsó a cambiar mi viaje a París por otro a Lisboa. Supe que era él en cuanto le vi. Y eso es algo sólo aquellos que lo han vivido lo entienden, para el resto son sólo fantasías de enamorados o sueños de adolescentes, aunque ya no lo seamos. Siempre creí en la veracidad del dicho: "Ten cuidado con lo que deseas, no vaya a hacerse realidad". Y aquí estoy, con mi deseo de conocerle cumplido, sabiendo que no puede ser... al menos no ahora, no así.

Ella
Algo no va bien, lo sé. Desde que volvió de Lisboa las cosas no son como antes. Le persigue un áurea de melancolía que sé le está destrozando... y que me destroza a mi. Le he sorprendido mirándome con tristeza. Cuando le pregunto qué le ocurre responde con un escueto: "Nada ¿por?"

ÉL
Siempre supe que ella no era la mujer de mi vida, pero también sabía que sentía algo por ella. Hemos pasado muchos años juntos, hemos compartido muchas cosas, se ha convertido en mi mejor amiga... La quiero, pero ahora sé que no la amo. Puede ser sutil, pero la diferencia es muy grande. A ELLA la amo, hasta que no la conocí no supe lo que era amar. Y hablo de amor, no de pasión.
Sé que no puedo continuar así, pero me aterra hacerle daño... casi tanto como me aterra que ELLA se aleje y la pierda.

ELLA
La culpa me corroe por dentro. Odio ser la responsable de la posible ruptura de una relación, casi tanto como temo que ÉL decida seguir con ella. Ojalá ÉL me hubiera esperado, pero claro ¿cómo podía saber que yo llegaría? Ella parece maja, y le hizo feliz todos estos años... ¿qué derecho tengo yo a venir y destrozarle la vida?

Ella
Sé que hay alguien más... Y no logro entender cómo ha sucedido. Eramos felices, de eso no tengo ninguna duda... ¿Qué pudo pasar en Lisboa? ¿Qué pudo ser tan fuerte como para romper 9 años de relación?

Y en la radio Sabina canta aquello de: "Ni inocentes, ni culpables, corazones que desbroza el temporal, carnes de cañón..."

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03 septiembre 2008

Respeto

"No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor.
El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás,
el mismo respeto que se tiene por la propia."

Mahatma Gandhi


Sólo tiene 17 años, es una cría, igual que lo soy yo. Por muy maduras que nos queramos considerar la verdad es que sólo somos unas crías.
Cuando ha levantado la vista y me ha mirado he sabido cuál había sido el resultado, sin necesidad de verlo en el predictor que me tendía.
A ella siempre le encantó el rosa. Supongo que el que la noticia tenga ese color no deja de ser irónico.
No puedo por menos que llevar la mano a mi vientre. Ahora el bebe habría tenido 5 meses.
- ¿Qué vas a hacer?
- No lo sé...
Su hermano pequeño empezó a aporrear la puerta del baño gritando:
- ¡Dejadme entrar! ¿Qué estáis haciendo?
- ¡Lárgate enano! - grita justo antes de echarse a llorar.

- No puedo abortar, Clara. No podría soportar la idea de haberlo matado.
- No es un bebe, Sara, todavía no. Es sólo un montón de células.
- Para mi no... No estaría bien. - dice y al mirarme se da cuenta y añade - Lo siento, no quería decir eso...
- Sí, si lo querías decir. Sé de sobra lo que pensaste cuando decidí abortar... pero yo no podía tenerlo, no habría sido una buena madre, no estaba preparada, ni tú tampoco lo estás. Y tampoco habría podido darlo en adopción...
- No creo que nada te prepare para ser madre.
- Probablemente no, pero al menos tendrías algo más de experiencia en la vida.
- Puede, pero...
- Sabes que renunciarás a todo ¿verdad?
- Es mío, es parte de mi... - dice sollozando.
- Sabes que puedes contar conmigo ¿verdad? - digo mientras la abrazo tal y como ella hizo hace un año.
- Sí, siempre amigas.

Puede que al final la amistad, la convivencia, todo, se reduzca a eso, a algo tan sencillo y a la vez tan complicado como respetar al otro y sus decisiones, por muy equivocadas que éstas nos parezcan, y simplemente estar ahí.

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30 julio 2008

Renunciar

"La vida cobra sentido cuando se hace de ella
una aspiración a no renunciar a nada."

José Ortega y Gasset

- No te cabrees con él.
- No lo hago, le entiendo, por eso no puedo enfadarme.
- Ya... supongo que ese es el problema ¿no?
- No te entiendo.
- Que le comprendes.
- ¿Y por qué habría de ser eso un problema?
- Sabes lo que siente. Sabes que está dividido entre este mundo y aquel. No estás enfada, estás dolida.
- A veces odio que seas capaz de leer tan claramente en mi... Supongo que tienes razón. Está dividido y si no viene estará eligiendo aquello. No me importa que la elija a ella, lo entiendo, pero no puedo evitar que me duela que no nos elija a nosotros... que YA no nos elija a nosotros...
- ¿A nosotros o a ti?
- A nosotros, para él yo nunca fui una elección.
- Ya sé cual es tu problema.
- No sabía que tuviera un problema.
- No eres capaz de renunciar a nada, y sigues creyendo que tener a alguien a tu lado significaría renunciar a todo esto, a esta parte de ti... quizás por eso te perdiste en sus ojos, porque él ya formaba parte de ello.
- Tú misma te contradices: sí soy capaz de renunciar a algo ¿no crees? A tener a alguien a mi lado.
- Espero que algún día comprendas que no tienes porqué renunciar a nada.
- Dudo que ese día llegue.
- Y yo espero que cuando llegue no sea demasiado tarde.

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03 julio 2008

Y sin embargo amanece

"Por muy larga que sea la tormenta,
el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes."

Khalil Gibran

A veces no podía evitar preguntarse qué había sido de ella. Cuando se miraba al espejo tenía sensaciones contradictorias... sentía que la de espejo era la misma de siempre, y por otra parte veía cuánto había cambiado. Quizás lo que más delataba aquel cambio era su estado anímico: se sentía viva, viva y con ganas de vivir.

Cuando intentaba recordar cuándo fue la primera vez que pensó en quitarse la vida no era capaz, pero no porque no supiera cuándo empezó todo aquello, simplemente porque no tenía ningún recuerdo anterior. Desde que podía recordar había deseado estar muerta.
A lo largo de su vida había pensado miles de formas de acabar con ella. Se imaginó a sí misma cortándose las venas, tirándose por la ventana, tomando pastillas...

Quizás en realidad nunca había querido morir, o quizás simplemente le había salvado su cobardía o el sentido de culpabilidad que le entraba cuando pensaba en lo que eso supondría para la gente que la quería, para la gente que quería. Porque para suicidarse hay que ser a la vez muy cobarde y muy valiente.

Había sentido tantas veces que no podría superar los baches, o lo que para ella habían sido socabones... y sin embargo otras tantas veces lo había conseguido.
A veces pensaba que la alegría que sentía debía de ser la misma que sentían aquellos que lograban atravesar un campo de minas sin morir en el intento.

Puede que lo único que quedara de aquello fuera una cierta indiferencia hacia su propia muerte y la capacidad para apreciar cada pequeña cosa de su vida: compartir una charla con un amigo, sentir la caricia del sol y del viento, una carcajada escapando de su garganta...

Y cuando la oscuridad, echándola de menos, venía a cernirse sobre ella, cerraba los ojos y susurraba: "Y sin embargo amanece".

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16 mayo 2008

La bruja y el príncipe

"Estaba locamente enamorado de ella pero nunca se lo dije,
siempre me arrepentí de no habérselo dicho pero,
si lo hubiera hecho, no hubiera gozado de ciertos favores."
Giacomo Casanova

Erase una vez una brujilla que vagaba sumida en la confusión. Pero no se trata éste de uno de esos cuentos en los que la bruja tiene una verruga y es la mala (bueno, quizás lo primero sí).
Como iba diciendo, la bruja vagaba sumida en la confusión y en su errático camino retornó, sin darse cuenta, al reino del que en realidad nunca partió. En ese reino, como en todo reino que se precie, había un príncipe, del que decían podía robar cualquier corazón. Ambos, bruja y príncipe, se conocían desde que podían recordar.
Un día nuestra brujilla se acercó hasta el castillo. Allí descubrió que el príncipe había conocido a una princesa de otras tierras. Escuchándole supo que ya poseía el corazón de la princesa, y que quizás, sin él saberlo, ésta casi poseía el suyo. Y entonces se sintió triste...
De vuelta a su hogar susurró un hechizo esclarecedor: quería saber qué era aquello que había nublado su mundo. Se sorprendió tanto con el resultado que pensó que lo había pronunciado mal... y lo repitió y buscó la respuesta de mil formas, pero al final todos: las cartas, los hechizos y hasta la bola de cristal, le mostraron la misma respuesta: "Lo siento brujita, te has perdido en sus ojos".

Un día mientras usaba su bola escuchó por azar una conversación:
- ¿Estás hechizado por la bruja? - decía el médico de palacio.
- ¡Calla! - respondía el príncipe, quizás temeroso de que alguien los escuchara.

Su corazón galopó al oír aquellas palabras... y por un momento soñó que todo era posible, quizás con razón, quizás sin ella.
Pero una bruja es una bruja, y un príncipe es un príncipe... y todo príncipe al final quiere a su lado una princesa y no una bruja. Así es y siempre será.

Hoy se cumplen dos años del momento en que decidió ocultar lo que había escuchado, temerosa de perder la amistad que tanto apreciaba. Hizo entonces un hechizo para esconder su identidad y así, en la oscuridad de la noche, poder susurrar aquello que no debe decirse, mientras sigue buscando esa luz al final del laberinto.

Y colorín colorado este cuento ¿se ha acabado?.

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15 abril 2008

3 años, 3 meses y 3 días

"Every day for us something new
Open mind for a different view
and nothing else matters"
Metallica. Nothing else matters.

Han pasado 3 años, 3 meses y 3 días. He intentado recordar aquella tarde, pero apenas recuerdo pequeños retazos, lo cual no deja de ser extraño teniendo en cuenta que ese día supuso probablemente el mayor cambio en mi vida.

Yo no era feliz, aunque entonces no era consciente de hasta qué punto. Los días pasaban sin más, inmerso en la rutina.
Sin embargo, por alguna razón que nunca llegaré a entender aquella tarde salí de ella para acercarme al parque que tantas veces había dejado de lado al volver a casa. Quizás fue el sol resplandeciente, el viento suave o quién sabe qué lo que me hizo ir hasta allá y sentarme en ese banco.

Aquella chica morena, descalza, que sentada en el césped escribía con avidez, llamó enseguida mi atención. Entonces no supe porqué, ahora sé que la razón era la alegría que desprendía, tan radiante de vida, esa de la que yo carecía.
Ella se volvió, supongo que porque sintió mi mirada. Me miró un momento, como sopesándome y finalmente sonrió. Sin pensar le devolví la sonrisa.

Retomó de nuevo la escritura, y yo eché un vistazo a mi alrededor. Cuando volví de nuevo mi atención hacia ella, había desaparecido. Allí donde había estado sólo quedaba el cuaderno en el que había estado escribiendo. Miré alrededor buscándola sin éxito. Me levanté y recogí el cuaderno.
-Volveré mañana, quizás ella suela venir. Le pega.

Regresé al parque día tras día durante una semana. Nunca la volví a ver. No se me ocurrió echar una ojeada al cuaderno... quizás en mi interior sentía que era violar su intimidad.

Lo guardé en un cajón, volví a mi rutinaria vida y casi me olvidé de él hasta que un día, víctima una vez más del insomnio, volví a topar con él.
Dudé, pero finalmente comencé a leer...


- Pensé que tardaría más en encontrar al siguiente... - susurré...

Nada más verla he sabido que sería ella. Siento como si me estuviera viendo a mi mismo aquel día. La mirada vacía, el aura de tristeza inconsciente...
Sonrío, y ella, tras un momento de duda, me devuelve la sonrisa.

- Sí, es ella. - me digo, mientras hoy soy yo quien, descalzo y sentado en el césped, escribe en aquel cuaderno, como tantos antes que yo.

"Durante estos 3 años, 3 meses y 3 días mi vida ha cambiado por completo.
Aprendí a ver aquello que antes no veía. Cada cierto tiempo cierro los ojos, y al abrirlos trato de ver todo como si de la primera vez se tratara. Inténtalo, puedes descubrir cosas que ni siquiera sabías que estaban allí... o descubrir que no conocías tan bien las cosas como creías.
Espero que todo lo escrito aquí te ayude... Si has leído hasta aquí ya sabes lo que debes hacer.
Buena suerte."

Deposito el cuaderno sobre el césped, no sin cierta pena, y me levanto.
Cierro los ojos y al abrirlos trato una vez más de ver las cosas como si de la primera vez se tratara. La sorpresa casi me deja paralizado. Mirándome fijamente, al otro lado del camino, está ella, aquella chica morena, mi predecesora...
Ella inclina ligeramente la cabeza, sonríe y me guiña un ojo.

- ¿Por qué será que siento que esto sólo ha sido el principio? - me digo devolviéndole la sonrisa.

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08 marzo 2008

A todos y a todo

"Es propio de hombres de cabezas medianas
embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza."
Antonio Machado

-¡Las diez! ¡Mierda!¡Ya voy tarde!

Pablo iba a llegar de un momento a otro y de nuevo le iba a tocar esperar.
Al pensar en él no pudo menos que sonreír. Después de su última relación había perdido la fe en las relaciones, la esperanza de encontrar a alguien por quien mereciera la pena luchar, con quien mereciera la pena compartir su vida, su tiempo, sus sentimientos.
Y sin embargo él apareció y trastocó todo. Volvía a sonreír y a tener ganas de salir, de hacer cosas nuevas, de enfrentarse a todos y a todo por aquella relación. Él le había devuelto la esperanza...

Sonó el telefonillo.
-¿Sí?
- ¡Hola! ¡Soy yo!
- ¿Y quien es yo?
- ¡Qué triste que después de todo este tiempo no conozcas mi voz! - dijo con tono burlón.
- El caso es que me quiere sonar... - dijo en el mismo tono - Bajo en un segundo, Pablo - acabó respondiendo ya seriamente.
- Venga, date prisa.

Bajó las escaleras a toda velocidad, con la sonrisa tonta en los labios, y los nervios en el estómago.

- Hola...
- Hola, corazón - dijo Pablo mientras tomaba su cara entre las manos y le daba un suave beso, para luego repetir con uno más apasionado.

Escucharon como a su lado pasaba alguien y alcanzaron a oír:
- ¿No tendrán vergüenza? Putos maricones...

- Sí, dispuesto a enfrentarme a todos y a todo por esta relación - pensó mientras era esta vez él quien besaba a Pablo.


Nota: Imagen tomada de Fractal Art Contest 2007

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26 enero 2008

El amor es una enfermedad

"Enamorado y loco, lo uno es lo otro."
Proverbio español.

El amor es una enfermedad. Puede que sea una enfermedad que todos deseamos padecer en un momento u otro de nuestra vida, pero es una enfermedad. El amor hace que perdamos esa capacidad de razonar que nos advierte de que ciertas cosas es mejor no hacerlas.
Si no me hubiera perdido en aquellos ojos azul cielo mi vida hubiera sido distinta, quizás mejor, seguro que mejor. Pero lo cierto es que me perdí en aquellos ojos y desde aquel momento todo fue de mal en peor.
Todo comenzó con unos simples porros, sólo para relajar. Yo, que siempre había estado en contra de todo aquello me resistí, pero en aquellos momentos mi cerebro estaba tan saturado de endorfinas que no supo ganar la batalla.
Y los ojos azules acabaron queriendo experimentar más y yo... yo hacía tiempo que no controlaba nada. Le amaba, o eso creía entonces, supongo que era cierto.
Acabé atrapada en una espiral que no parecía tener fin... No escuché las voces que expresaban en voz alta lo que mi enfermo cerebro susurraba. Me fui apartando de la gente que trataba de hacerme ver.
Las mentiras empezaron a surgir de mi boca con toda naturalidad:
- ¿Cómo puedes ir en manga larga con el calor que hace?
- Es que tengo mal la circulación y siempre estoy helada... - mientras creía sentir cada una de las cicatrices de los picos.

Y había quien se lo creía, porque a veces la gente prefiere fingir que no se da cuenta de las cosas, es más fácil simular que todo va bien que enfrentarse a la cruel realidad.

Cuando los ojos azules se fueron toqué fondo. Mi cerebro se despertó, y descubrí en lo que me había convertido.


Afortunadamente esa enfermedad es tan misteriosa que incluso consiguió que alguien se perdiera en mis turbios ojos castaños...
No sé qué pudo ver en mi. El reflejo del espejo sólo me producía nauseas. Pero el caso es que algo debió de ver, quizás restos de lo que un día había sido, o quizás se perdiera cuando aún mis ojos brillaban y entonces no lo supe ver.
Él me tendió la mano que necesitaba para escalar el pozo en el que estaba.

Sí, el amor es una enfermedad, o quizás no sea el amor sino la pasión desmedida... por suerte a veces las consecuencias de las enfermedades no son tan malas.
Sigo infectada, amo al dueño de esos ojos negros que consiguió devolver el brillo a los mios. La diferencia está en que ahora mi cerebro sí tiene voz y voto. A veces maldigo no poder perderme de aquella forma, maldigo el no ser capaz de darlo todo, porque creo que en este caso la enfermedad no rozaría como entonces lo mortal... pero supongo que aquello, para bien o para mal, sólo ocurre una vez.


NOTA: Pura ficción... pero tan real...

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01 diciembre 2007

Huir

"Temer al amor es temer a la vida,
y los que temen a la vida ya están medio muertos".
Bertrand Russell


- Lo estás haciendo otra vez.
- ¿El qué?
- Huir.
- ¿Huir? Yo no estoy huyendo. ¿De qué iba a huir? ¿Por qué iba a huir?
- De él, estás evitándole.
- Yo no le estoy evitando.
- ¿A no? Antes te pasabas media vida con él, le contabas todo, y ahora cuando aparece te pones a hablar con quien sea menos con él.
- Eso no es cierto...

La miró fijamente.
- Lo es, y lo sabes. Lo que no acabo de entender es qué te da miedo... ¿qué es? ¿lo que crees que él siente hacia ti o lo que tú sientes hacia él? ¿Tanto miedo tienes a dejar que alguien entre en tu vida?

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10 noviembre 2007

Un minuto de ira

"Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo.
Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto,
en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto,
eso, ciertamente, no resulta tan sencillo."

Aristóteles, Ética a Nicómano.

En un segundo puedes tener una vida casi perfecta, y al siguiente haberlo perdido todo.

He intentado recordar cómo pudo ocurrir, pero todo es borroso. Me siento como cuando te despiertas de una pesadilla. Tienes el corazón acelerado, y la angustia taponando tu garganta y oprimiendo tu pecho. Solo que esta vez la pesadilla es real.
No soy una persona violenta, nunca lo fui, así que eso lo hace aún más difícil de entender.
No me consuelan esos "Tú no querías que esto ocurriera", "Él empezó"...

He oído hablar de él. Todos dicen que es imposible que él empezara la discusión, que era una persona pacífica, que nunca se metía en líos. Es curioso que esas mismas frases salieran de la boca de quienes me conocen.

Y sin embargo, ambos nos enzarzamos en una discusión de lo más tonta. Un empujón sin querer a la salida del metro, una respuesta violenta en lugar de un perdón... quizás el estrés al que nos vemos sometidos a diario, las prisas, la irritabilidad que todo ello nos produce... la pérdida de humanidad en la que sin darnos cuenta estamos cayendo...

Sí, él me dio el primer puñetazo, pero yo dí el último. Le golpee con todas mis ganas, descargando mi ira acumulada, una ira que nada tenía que ver con él, ni con un empujón involuntario en un lugar donde los empujones están a la orden del día.
Una mala caída... y en tan sólo un minuto nuestras vidas truncadas: él perdió la suya, y yo perdí aquella que hasta entonces había vivido.

Desearía que hubiera sido al revés, que hubiera sido yo el que cayera, pero no fue así, y tendré que vivir el resto de mi vida con ello... y no sé cómo voy a hacerlo.

NOTA: Antes de que haya malos entendidos: esto es un relato inventado, pero que, por desgracia, no se puede enclavar en la ciencia ficción.

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14 octubre 2007

Todo ocurre por alguna una razón

"El amor de una madre no contempla lo imposible"
Paddock

Hoy saldé una deuda. No había vuelto a pensar en ello desde hacía muchos años. Cuando algo te turba o te enfrentas a ello o tratas de enterrarlo en lo más profundo de tu memoria. Yo no tenía forma de enfrentarme a ello, con lo que no me quedó más alternativa que olvidarlo.
Sin embargo justo cuando ocurrió el accidente todo vino a mi mente con la misma claridad que si hubiera pasado ese mismo día.
Fue hace ya 20 largos años... sucedió justo en el mismo sitio. Esa mujer apareció ante mi. Frené violentamente y eso evitó que me empotrara contra los coches que justo al otro lado del montículo acababan de sufrir un accidente. Miré alrededor buscando a la mujer, convencido de que debía de ser una de las ocupantes de los coches. No vi rastro de ella.
Llamé a la guardia civil y a una ambulancia.
Cuando llegaron les hablé de la mujer. Comenzaron a buscarla. Y entonces el médico retiró el pelo de la cara de la conductora de aquel Renault 5 naranja... a mi se me heló la sangre.
- No puede ser - dije.
- ¿La conoces? - dijo mirándome preocupado.
- No - dudé yo - pero es que es la mujer que se me cruzó...
- Eso es imposible - dijo él.
- Lo sé - respondí sin saber qué pensar.

Nunca supe qué había ocurrido. Siempre he sido una persona muy racional. Los fantasmas no existen... siempre creí eso...
Averigüé que aquella mujer se llamaba Corinne Buvet, era madre de un niño de tan sólo dos años llamado Raúl. Me pregunté porqué ese niño había tenido que perder a su madre, porqué yo me había salvado... gracias a ella.

Hoy los papeles cambiaron... no sé cómo ocurrió... sólo sé que de repente me encontré en medio de la carretera con un coche viniendo contra mi. Oí el frenazo. Vi la cara de susto del chico que conducía el coche... me volví y allí estaba mi coche, destrozado...

Cuando llegaron los de la ambulancia el chico seguía confuso. Repetía que un hombre se le había cruzado... y que parecía haberse esfumado.
- Tranquilo chico. ¿Como te llamas?
- Raúl, Raúl Gil Buvet

Sí, hoy saldé una deuda... y comprendí que todo ocurre por alguna razón.

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18 septiembre 2007

Sin poder morir

"La muerte no nos roba los seres amados.
Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.
La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."
François Mauriac

Estoy aquí, atrapado. Me gustaría escapar, pero sé que es imposible. Quizás eso es lo más duro, saber lo que hay ahí fuera, saber lo que podría ser mi vida, y no poder hacer nada de aquello con lo que sueño. Ahora recuerdo con amargura aquello que me decían: "Soñar no cuesta nada", y no puedo dejar de añadir: "Salvo desilusiones".
Pero sé que para otros es cierto, y aunque suene egoísta eso me fastidia.
Ya están discutiendo otra vez. Antes no discutían, o al menos no delante mío.
Me parece irónico que hablen, o más bien griten, sobre mi futuro como si yo no les oyera, cuando es eso precisamente de lo que discuten, de si yo les oigo o no.
Mamá quiere dejarme ir, darme esa libertad que tanto deseo. Sé lo que le costaría, pero aún así está dispuesta.
Papá en cambio sigue aferrado a la idea de que yo despierte.
Han pasado ya dos años del accidente, y yo soy consciente de lo que pasa a mi alrededor, pero también de que nunca despertaré, al menos no como ellos querrían.
Aún recuerdo la primera vez que escuché a mamá pronunciar esa fatídica palabra: eutanasia.
Fue como si una luz esperanzadora iluminara la oscuridad de mi no-vida. Sería mi libertad...
Pero papá se negó en rotundo. Creo que se siente culpable, y en lo más profundo de su ser cree que la única forma de conseguir el perdón de mamá y el suyo propio sería si saliera del coma. Desearía hacerlo, pero no puedo...
Si tuviera voto en todo esto pediría que me liberaran... pero no tengo ni siquiera voz.
Me limito a dejar pasar las horas mientras veo como todo esto está destrozando a los seres que más quiero. Mientras veo como esto me consume y me agría el carácter...
Mamá llora de nuevo, y yo no puedo consolarla.
Papá se mueve de un lado a otro impotente, y yo no puedo decirle que no fue culpa suya y que es absurdo que se culpe.
Y la abuela, la abuela se aferra a su fe, y pone el grito en el cielo diciendo que cómo pueden siquiera plantearse el matarme, que va en contra de los mandatos de Dios. Y yo no puedo decirle que su Dios no debe ser el mismo que el mío, porque yo estoy seguro que Él estaría de acuerdo en dejarme marchar...

Así que aquí sigo, atrapado, sin poder vivir, sin poder morir.

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08 agosto 2007

Cuando vuelve el pasado

"Las heridas que no se ven son las más profundas."
William Shakespeare


- ¿Si?
- ¿Marta?
- Sí, soy yo - respondió. Algo en la voz al otro lado del teléfono le hizo sentir un escalofrío.
- Soy Marcos...

Sintió como se le encogía el estómago y miles de sensaciones que creía olvidadas volvían a ella.
- Hola - acertó a decir.
- Me ha costado dar contigo.
- Lo supongo - dijo, mientras pensaba que bien podría haberse ahorrado el esfuerzo.
- Te preguntarás por qué te llamo...
- Pues la verdad es que sí... han pasado 13 años sin saber nada de ti... - y ojalá hubieran pasado otros 13 más pensó.
- Tu tío ha muerto.
- ...
- Pensé que querrías saberlo...
- Sinceramente... esperaba no volver a tener noticias suyas.
- Bueno... estaba allí cuando murió... Soy enfermero ¿sabes?
- Siempre te gustó eso...
- Él me pidió que te dijera que lo sentía.
- Marcos... no quiero saber nada de esto.
- Marta...
- ¿Qué esperabas? ¿Que te preguntara qué le pasó?, ¿que dijera que siento que haya muerto ese hijo puta que abusó de mi cuando era una cría, que con sólo 17 años me lanzó a las calles para buscarme la vida, que consiguió separarme de toda gente haciendo que pensarán que era una mentirosa cuándo conté lo que me estaba haciendo? Pues lo siento, no es así. Te podías haber ahorrado la llamada.
- Lo siento.
- ¿Qué sientes? ¿Haberme llamado? ¿Haberle creído a él? ¿Haberme dado la espalda? No te molestes.
- Me equivoqué... debí haber permanecido a tu lado, pero tu tío... era.. parecía una gran persona... siempre se portó bien conmigo... él te acogió cuando murieron tus padres...
- Marcos... ¿Qué quieres?
- Supongo que quiero que me perdones...
- Hace tiempo que curé esas heridas... no te guardo rencor...
- Nunca he conseguido olvidarte...
- Yo a ti sí.

Mientras colgaba el teléfono se dio cuenta de que estaba llorando.

Sintió una mano apoyarse en su hombro. Se volvió bruscamente y empujó a su dueño mientras gritaba:
- ¡No me toques!
- Pero... ¡¿qué te pasa?! - respondió Diego sorprendido.

Marta le miró, secándose las lágrimas...
- Perdona... yo...
- ¿Qué pasa? ¿Quien llamaba?
- El pasado...
- ¿Qué?
- Nada... olvídalo... voy a dar un paseo... necesito estar sola...
- ¿Estás bien?
- Supongo que no tanto como pensaba... - dijo con una sonrisa triste, mientras pensaba lo fácil que se habían abierto las viejas heridas - No te preocupes, se me pasará.

Mientras cerraba la puerta se preguntó si algún día estaría realmente bien...
- Espero que te pudras en el infierno maldito cabrón - murmuró.

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15 julio 2007

Pensamientos

"El hombre es mucho más complicado que su pensamiento. "
Paúl Valery

- Me encantaría saber qué piensas.
- No, no te gustaría.
Él la mira sorprendido. Ella le devuelve la mirada, y por su cara comprende el malentendido.
- No es lo que crees.
- Bueno... ¿y entonces?
- Siempre he pensado en lo terrible que sería conocer los pensamientos de la gente.
- ¿Terrible? ¡Sería fantástico!
- No, no lo sería. Dices eso porque no lo has meditado.
- ¿Tú sí?
- Al parecer algo más que tú - dijo con una sonrisa mientras le guiñaba un ojo.
- ¿Y bien? ¿Qué lo haría tan terrible? - respondió él no sabiendo si sentirse molesto o divertido.
- Los pensamientos son como las frases de un libro. Si lees una frase al azar puedes formarte una idea equivocada de un personaje, de un hecho. Necesitas leerlo desde la primera a la última página. Quizás ni aún eso te garantice saber cómo es en realidad, pero al menos sí te dará una idea algo más fiable. Además, cada vez que lo hicieras violarías la intimidad de los demás. Tu vida estaría llena de malos entendidos y desconfianza.
- Visto así...
- Además... ¡imagínate que tuvieras que conocer las miles de tonterías que pasan por mi cabeza!

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05 junio 2007

Aquel anuncio


"El periódico es una tienda en que se venden al público
las palabras del mismo color que las quiere."
Honoré de Balzac

Abrió el periódico por la sección de anuncios, cogió el rotulador rojo y se puso manos a la obra.
Cuarto de hora más tarde había seleccionado tres anuncios. Como en veces anteriores hizo una lista de las cosas que quería saber antes de tener un primer encuentro...
- Hoy en día no se tiene tiempo suficiente como para perderlo en vano - se dijo.

Una hora más tarde había descartado todos los anuncios. Se dejó caer decepcionado en el sillón a la vez que tiraba sobre la mesa la libreta donde había apuntado su batería de preguntas. Al hacerlo una hoja del periódico se levantó ligeramente y vio que se había dejado un anuncio por leer.
Dudó un segundo, pero al final pudo más su hastío y simplemente se recostó en el sillón.

Cuando se levantó al día siguiente casi inconscientemente se dirigió hacia la mesita del salón donde había dejado el periódico, lo abrió y buscó ese último anuncio.
Al leerlo no pudo evitar soltar una carcajada. Cogió el móvil y apuntó el número de contacto decidido a llamar desde el trabajo, a pesar de que el anuncio claramente lo descartaba como candidato.


Estaba nervioso. Es más, estaba histérico, y se sentía estúpido por sentirse de aquella manera.
Cuando llamó no obtuvo respuesta a ninguna de las preguntas. Todo lo contrario, cada pregunta que había formulado, ella había conseguido transformarla en otras dos para él.

Entró en la cafetería, pidió un café con leche y se sentó a esperar en una mesa desde la que se tenía una buena vista de la puerta, aunque alejada de ella.
Miró el reloj, para comprobar que sólo habían pasado tres minutos desde la última vez que lo había mirado, y que aún quedaba cuarto de hora para que ella llegara, eso suponiendo que fuera puntual, claro.

Ella lo observaba divertida a través de la cristalera desde la acera de enfrente.

La campanilla de la puerta sonó. Él levantó la vista y se encontró con su mirada.


Habían pasado ya tres años desde aquello, llevaban dos viviendo juntos. Aún podía recordar los sermones de la gente con la cantinela de que aquello era un paso muy importante, que si lo había pensado bien...
La verdad es que nunca había tenido muy claro porqué decidió responder a aquel anuncio, porqué decidió llamar, y mucho menos cómo en algo tan importante se había dejado llevar de aquella manera. Pero lo cierto era que quizás fuera la decisión que más feliz le había hecho.

Ella entró en la cafetería sonriente, avanzó decidida hacia él y le dio un beso en la mejilla.
- Hola niño.
- Hola.
- Bueno, ¿a qué viene tanto misterio? ¿qué hacemos aquí?
- Ya ves, que me he levantado sentimental.
- ¿Y eso?
- No te hagas la boba, que eres peor que yo en lo de la obsesión con la fechas.

Ella simplemente sonrió, y luego dijo:
- He comprado algo para ponerlo en casa.
- Bueno, será si quiero ¿no?
- Y si no, da lo mismo, lo pongo en mi mitad - respondió ella sacándole la lengua.

Metió la mano en bolsa y extrajo un portafotos.
- ¿Una foto?
- Nop, algo que te recordará seguro tal día como hoy hace tres años - respondió ella mientras le daba la vuelta y se echaba a reír ante la cara de sorpresa de él.
- ¡No me lo puedo creer!

El marco encuadraba un recorte de periódico en el que se podía leer:

Si tienes 180000 euros o la posibilidad de conseguirlos deja de leer que seguro que tiempo no te sobra. Si por el contrario eres un/a mileurista como yo, cansado/a de vivir con papá y mamá, o de gastarte el sueldo en alquiler ¿te quieres comprar una casa conmigo? Abstenerse los maniacos, curiosos y personas de difícil convivencia.

- Este anuncio se merecía estar enmarcado. Me salió caro, pero me consiguió el mejor amigo del mundo y tener un pisito mío.
- Nuestro - la corrigió él.
- Nuestro - repitió ella mientras le daba un abrazo.


Este relato te lo dedico a ti, muso mío ;-)

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20 abril 2007

Lo que me impresionó fue su mirada

"En ocasiones me avergüenzo de vivir en este planeta,
de pertenecer al género "humano"
cuando veo las aberraciones que mis congéneres siguen ejecutando."

José Esteban Rico Sogorb

Faltó poco para que no nos diéramos cuenta de su presencia en el túnel, pero al oírnos ella se apretó aún más contra la pared y fue ese movimiento el que la delató. Tenía la ropa destrozada, los pantis hechos jirones a la altura de los tobillos, un incipiente moratón en su mejilla, el labio partido... pero quizás lo que más me impresionó fue su mirada... reflejaba tanto miedo, tanto dolor, tanto asco, tanta rabia, tanta impotencia y a la vez tanto vacío...
Noté como temblaba mientras trataba de tapar su cuerpo, y cómo ese temblor aumentaba al acercarse Mario. Al verlo le detuve, saqué el móvil del bolso y mientras se lo pasaba le dije:
- Llama a una ambulancia... y a la policía - añadí.
Me acerqué a la chica y la cubrí con mi abrigo, mientras le susurraba que ya estaba a salvo, que todo había pasado. Seguí allí, acariciando su pelo y abrazándola hasta que llegaron. A veces me pregunto cuál de las dos se sintió más reconfortada por ese abrazo.
Cuando la iban a meter en la ambulancia se aferró a mi mano y sentí cómo, sin decir palabra, me suplicaba que fuera con ella. Me giré y le dije a Mario:
- Me voy con ella... te llamo luego...
Mario asintió.
Ella me miró fijamente a los ojos: nunca antes sentí tal gratitud.

Había pasado ya un mes y medio desde aquello y no había recibido noticias suyas. Tampoco yo la había llamado... ¿qué se hace en esos casos? No sabía si mi llamada la ayudaría, o simplemente le haría recordar toda la pesadilla.
Entonces, ese día, la vi. Iba a llamar su atención cuando las palabras quedaron congeladas en mi boca al ver la dirección que tomaban sus pasos...
Mientras ella entraba en aquel edificio me sentí ridícula por haberla dicho que lo peor había pasado...
- ¿Qué haces ahí parada mirando la clinica abortiva? ¿Tienes algo que contarme? - la voz angustiada de Mario me trajo de vuelta.


NOTA: se trata de una historia ficticia escrita en primera persona, por desgracia el trasfondo es muy real para muchas mujeres.

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23 febrero 2007

Magia verdadera

"El que todo el mundo crea algo
no significa que sea cierto."

- Te toca Dani.
Dani se dirigió al escenario con paso tranquilo.
- Me encantan los trucos de tu padre - dijo mirando a la niña.
- No son trucos, es magia - respondió ella.
Su padre se giró justo antes de alcanzar el escenario la miró y se llevo un dedo a los labios a la vez que le dedicaba un guiño.
La niña sonrió y asintió. En cualquier caso... ¿quién la iba a creer?
- En toda mi vida como organizadora de espectáculos de magia no he conocido a nadie como tu padre. Me encantaría saber quien le ha enseñado esos trucos, bueno esa... magia - rectificó rápidamente.
- Es un secreto de familia - dijo simplemente la niña mientras hacía girar sus extrañas pulseras.

Mientras se acercaba al escenario Dani, como cada vez que lo hacía, recordó la historia que tantas veces su madre le contó...

- Explícamelo una vez más... ¿Por qué vamos a atravesar medio país para visitar a una abuela a la que no ves desde que eras una niña y con la que no tienes ninguna relación?
- Ya te lo he dicho... he soñado con ella... ya sabes que...
- Silvia, es un viaje muy largo y no creo que sea bueno para el bebé.
- Dani estará bien. Irá dormido la mayor parte del tiempo.
- Silvia...
- Toño, te daré otra buena razón: necesito hacerlo, y tú me quieres lo suficiente como para concedérmelo.
- Vale, tengo otra pregunta...
Ella, que pensaba se había acabado la discusión, enarcó las cejas mostrando su sorpresa y curiosidad a la vez.
- ¿Vamos a salir de una vez?
Ella se echó a reír y le dio un beso.

Llamó a la puerta sin poder ocultar el nerviosismo que le producía volver a ver a su abuela después de más de 20 años sin tener ningún contacto con ella. Abrió la puerta una mujer de mediana estatura, delgada, pero no enjuta, con el pelo blanco recogido en una cola de caballo. Al instante reconoció sus ojos.
Sintió su penetrante mirada y antes de que pudiera decir nada su abuela dijo:
- Bienvenida. Ha pasado mucho tiempo.
No pudo evitar sentirse sorprendida.
- ¿Sabes quién soy?
- Por supuesto. ¿Cómo no iba a reconocer a mi propia sangre?
Entonces su cara cambio de expresión, de algo parecido a la ternura que hasta entonces reflejaba su rostro, a una capa de enfado...
- Pero... ¿qué demonios haces aún con la pulsera? - casi gritó mirando fíjamente la pulsera que entornaba su muñeca. Fue entonces cuando se dio cuenta de la presencia de Toño y el bebé.
Se acercó rápidamente al niño y preguntó:
- ¿Qué tiempo tiene?
- Mañana cumplirá 6 meses - acertó a decir Silvia, que ya no sabía muy bien cómo reaccionar ante el extravagante comportamiento de su abuela.
Carla, así se llamaba su abuela, la miró con preocupación y finalmente dijo:
- Tu padre no te dio la carta, ¿verdad?
- ¿Carta?
- Será mejor que pasemos dentro.

Les condujo a un acogedor salón en cuya chimenea crepitaba el fuego.
- Cuando murió tu madre supe que tu padre intentaría alejarte de nosotros. - Carla comenzó a hablar más para sí misma que para sus atónitos espectadores - Él nunca entendió todo esto. Os amaba con locura a ti y a tu madre, pero no lo entendía... Él debió darte mi carta. Al no hacerlo te puso en peligro, y le puso en peligro a él- dijo mientras señalaba al niño.
- ¿De qué hablas abuela?
- ¿Has tenido alguna vez sueños que se han cumplido? ¿Has notado alguna vez que cuando no encontrabas algo de repente lo descubrías a tu lado?
- Sí...
- ¿Has llevado siempre la pulsera?
- Sí, es el único recuerdo que tengo de mamá...
- Quítatela.
- ¿Por qué? - Silvia no sabía muy bien de qué iba todo aquello, y podía notar la inquietud de Toño.
- Haz caso a esta vieja... por muchas palabras que te diga ambas sabemos que sólo los hechos te convencerán.
Silvia se desprendió de la pulsera y la depositó con cuidado sobre la chimenea.
- Está bien. Ahora... desea que la pulsera vuelva a tus manos.
- ¿Perdona?
- ¿Acaso eres sorda? Perdona,- se apresuró a decir - tanto tiempo sola me ha vuelto impaciente con los demás.
Silvia un poco molesta hizo lo que su abuela le decía. Al instante la pulsera apareció en su mano. Miró la mano, luego la chimenea, y de nuevo la mano, sin poder salir de su asombro.
Toño la miraba con la boca abierta, mientras Carla sonreía divertida.
- Es posible que tus poderes superen a los de tu madre.

Así fue como Silvia descubrió que descendía de una larga estirpe de magos. Así fue como supo que en un tiempo muy lejano la magia era algo natural. En algún punto de la historia, por un motivo ya olvidado, todos la borraron de sus memorias. Todos, salvo unos pocos que, en secreto, continuaron creyendo en ella, practicándola, pasando sus conocimientos de generación en generación.

- ¿Y la pulsera?
- Los bebés no saben ni ocultar ni controlar sus poderes. La pulsera los anula hasta que son demasiado fuertes... Es la única forma que encontramos de protegerlos.
- Dani...
- Sí, es probable que también los tenga, aunque aún no se hayan manifestado. Hemos tenido suerte de que vinieras a verme a tiempo... -dijo al tiempo que guardaba la pulsera en una vieja caja de madera y se la entregaba a Silvia.


Al despertarse la vio contemplando la cuna vacía.
Ella notó su mirada interrogante y simplemente dijo:
- Ya ha empezado.

Dani se levantó a un tiempo preocupado y orgulloso. Orgulloso como todo padre que ve como su progenie sigue sus pasos. Preocupado como todo progenitor que presiente los peligros que se extienden ante sus hijos.

Se acercó a la estantería y tomó el pequeño baúl de madera. Una nube de polvo flotó al soplar. Lentamente, como si de un ritual se tratara, lo abrió. Y con la misma lentitud sacó una diminuta pulsera de plata, con extraños signos grabados.
Cerró con cuidado el baúl y lo depositó de nuevo en la estantería.
Luego simplemente se sentó a esperar junto a la cuna al lado de su compañera.

Un tiempo después el bebé apareció en la cuna. Ella se inclinó y lo tomó en sus brazos, sin poder disimular su ansiedad. Se miraron sabiendo que el que ambos conocieran la magia haría que esa niña tuviera mucho poder. Él cogió suavemente el diminuto brazo y colocó la pulsera en su muñeca, mientras recitaba extrañas palabras. Luego le tocó el turno a su compañera, que hizo lo mismo con otra pulsera similar que tenía en su regazo.


¿Alguna vez os habéis preguntado cómo pueden conseguir esas cosas algunos magos? ;-)

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13 enero 2007

¿Por qué?


"Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día;
la paz sin la cual el mismo pan es amargo."

Amado Nervo

Asomó la cabeza por la puerta de la cocina y dijo:
- Me voy, o a este paso llegaré tarde a la reunión.
Y desapareció con una sonrisa divertida, sabiendo qué ocurriría a continuación.
- ¡Papá!
Volvió a asomarse ocultando lo mejor que pudo la sonrisa.
- ¿Si?
- ¿No se te olvida nada? – a veces le costaba creer que esa enana sentada frente a un vaso de leche pudiera tener tan solo 3 años, y ser su hija.
- Uhm... no... creo que no... llevo las llaves, la cartera...
- ¡Papa! – dijo ella moviendo la cabeza de un lado a otro, en ese gesto tan suyo que claramente decía, cariñosamente eso sí: qué padre más tonto tengo.
- ¿Qué?
- ¿Y mi beso?
- ¡Uy! – se hizo el sorprendido - ¡es verdad! – y se acercó para darle un beso en la frente.
- ¿Y a mamá?
Se acercó a su madre y mirándola unos segundos fijamente a los ojos le dio dúlcemente un beso en los labios, para susurrar luego: Te quiero.
- Ídem – dijo ella sonriendo con ternura.
- ¿Me puedo ir ya? – dijo girándose hacia la pequeña.
- Sip.
- Hasta la tarde.
- Adiós cariño.
- Adiós papá. Te quiero.
- Yo también te quiero princesa.

Salió con una sonrisa en los labios silbando una cancioncilla y pensando cuán afortunado era.

Tan sólo unos minutos después se escuchó un estruendo ensordecedor, un segundo de silencio desgarrador y luego el sonar histérico de las alarmas de los coches.

Los absurdos contadores del mundo habían cambiado, dos a menos, uno a más:
- un padre menos.
- un marido menos.
- una víctima más.

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17 noviembre 2006

Volver a sentir

“Las caricias que mojan la piel y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca la sucia rutina”
Mentiras Piadosas. Joaquín Sabina

Permaneció con los ojos cerrados, mientras oía toda su actividad matinal.

Atrás quedaron los días en que él se detenía a contemplar su silueta medio desnuda hasta que ella abría los ojos y acababan enredándose en juegos de amor.

Ella permaneció con los ojos cerrados, y sólo cuando sintió cerrarse la puerta de la calle los abrió.

¿Cómo hemos llegado a este punto?- se preguntó una vez más - ¿Qué estamos haciendo? ¿qué estoy haciendo con mi vida? - pensó mientras contemplaba esos ojos muertos en el espejo. - Tengo que acabar con esto...

Y recordó cuántas veces antes había dicho eso mismo... y cuántas había continuado a su lado. Primero porque pensó que podría salvar esa relación, luego por costumbre y ahora por miedo a quedarse sola.

Se acercó al estudio y contempló sus últimos cuadros. Y recordó aquella conversación tiempo atrás, en su primera exposición. Él se acercó y dijo:

- Tus cuadros muestran cómo eres, lo que sentías en el momento que los pintaste.

Y era verdad.

Ahora no veía nada en ellos, salvo quizás hastío...

Se sentó en suelo, cerró los ojos y mientras recordaba los colores del pasado, sonó el teléfono.

- ¿Sí?
- ¡Hola guapa! Sólo llamo para que te mueras de envidia... La feria está siendo un éxito... tenías que haber venido, seguro que se habrían peleado por tus cuadros.
- Vale, me muero de envidia. Entonces ¿todo bien?
- Estupendamente, he vendido bastantes piezas, y he recibido algunos encargos.
- Estupendo, me alegro muchísimo por ti...
- Ya... ¿Qué pasa Eva?
- Nada, ¿por?
- No me digas que nada, nos conocemos... ¡Escúpelo de una vez!
- Voy a dejar a Pedro - lo dijo casi sin pensar.
- ...
- ¿No dices nada?
- Sabes que esto lo tenías que haber hecho mucho antes. Pedro es un tío estupendo, pero no sois felices desde hace tiempo. Las cosas duran lo que duran...
- Lo sé, pero...
- Bueno, tienes las llaves de casa ¿no? Yo voy a estar fuera un mes, vete allí.
- Gracias.
- Llámame cuando estés en casa ¿vale?
- Gracias.
- Como me vuelvas a dar las gracias llamo a la policía diciendo que una okupa ha invadido mi casa.
- Vete marcando - dijo sonriendo.

Al día siguiente volvió a pintar. El cuadro gritaba tristeza... pero al menos gritaba.

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