-¡Las diez! ¡Mierda!¡Ya voy tarde!
Pablo iba a llegar de un momento a otro y de nuevo le iba a tocar esperar.
Al pensar en él no pudo menos que sonreír. Después de su última relación había perdido la fe en las relaciones, la esperanza de encontrar a alguien por quien mereciera la pena luchar, con quien mereciera la pena compartir su vida, su tiempo, sus sentimientos.
Y sin embargo él apareció y trastocó todo. Volvía a sonreír y a tener ganas de salir, de hacer cosas nuevas, de enfrentarse a todos y a todo por aquella relación. Él le había devuelto la esperanza...
Sonó el telefonillo.
-¿Sí?
- ¡Hola! ¡Soy yo!
- ¿Y quien es yo?
- ¡Qué triste que después de todo este tiempo no conozcas mi voz! - dijo con tono burlón.
- El caso es que me quiere sonar... - dijo en el mismo tono - Bajo en un segundo, Pablo - acabó respondiendo ya seriamente.
- Venga, date prisa.
Bajó las escaleras a toda velocidad, con la sonrisa tonta en los labios, y los nervios en el estómago.
- Hola...
- Hola, corazón - dijo Pablo mientras tomaba su cara entre las manos y le daba un suave beso, para luego repetir con uno más apasionado.
Escucharon como a su lado pasaba alguien y alcanzaron a oír:
- ¿No tendrán vergüenza? Putos maricones...
- Sí, dispuesto a enfrentarme a todos y a todo por esta relación - pensó mientras era esta vez él quien besaba a Pablo.
Nota: Imagen tomada de Fractal Art Contest 2007