18 septiembre 2007

Sin poder morir

"La muerte no nos roba los seres amados.
Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.
La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."
François Mauriac

Estoy aquí, atrapado. Me gustaría escapar, pero sé que es imposible. Quizás eso es lo más duro, saber lo que hay ahí fuera, saber lo que podría ser mi vida, y no poder hacer nada de aquello con lo que sueño. Ahora recuerdo con amargura aquello que me decían: "Soñar no cuesta nada", y no puedo dejar de añadir: "Salvo desilusiones".
Pero sé que para otros es cierto, y aunque suene egoísta eso me fastidia.
Ya están discutiendo otra vez. Antes no discutían, o al menos no delante mío.
Me parece irónico que hablen, o más bien griten, sobre mi futuro como si yo no les oyera, cuando es eso precisamente de lo que discuten, de si yo les oigo o no.
Mamá quiere dejarme ir, darme esa libertad que tanto deseo. Sé lo que le costaría, pero aún así está dispuesta.
Papá en cambio sigue aferrado a la idea de que yo despierte.
Han pasado ya dos años del accidente, y yo soy consciente de lo que pasa a mi alrededor, pero también de que nunca despertaré, al menos no como ellos querrían.
Aún recuerdo la primera vez que escuché a mamá pronunciar esa fatídica palabra: eutanasia.
Fue como si una luz esperanzadora iluminara la oscuridad de mi no-vida. Sería mi libertad...
Pero papá se negó en rotundo. Creo que se siente culpable, y en lo más profundo de su ser cree que la única forma de conseguir el perdón de mamá y el suyo propio sería si saliera del coma. Desearía hacerlo, pero no puedo...
Si tuviera voto en todo esto pediría que me liberaran... pero no tengo ni siquiera voz.
Me limito a dejar pasar las horas mientras veo como todo esto está destrozando a los seres que más quiero. Mientras veo como esto me consume y me agría el carácter...
Mamá llora de nuevo, y yo no puedo consolarla.
Papá se mueve de un lado a otro impotente, y yo no puedo decirle que no fue culpa suya y que es absurdo que se culpe.
Y la abuela, la abuela se aferra a su fe, y pone el grito en el cielo diciendo que cómo pueden siquiera plantearse el matarme, que va en contra de los mandatos de Dios. Y yo no puedo decirle que su Dios no debe ser el mismo que el mío, porque yo estoy seguro que Él estaría de acuerdo en dejarme marchar...

Así que aquí sigo, atrapado, sin poder vivir, sin poder morir.

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