18 febrero 2008

La magnitud del dolor

"El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional."
Sidhartha Gautama

Recuerdo que cuando era pequeña murió el hermano de mi mejor amigo. Cuando volvía a casa con mi madre tras el funeral, le vimos con la bici. Entonces escuché a alguien decir con un deje de desprecio:
- Mírale, su hermano recién enterrado y él montando en bici.

Me hubiera gustado decirle que porque alguien no se encierre en casa a llorar eso no significa que quisiera menos a la persona desaparecida, pero por aquel entonces yo acostumbraba a callar.

Hace poco volví a escuchar una crítica del mismo estilo, esta vez no callé.
Puede que no entendamos el comportamiento de una persona tras la muerte de un ser querido, pero no deberíamos criticarlo. Cada persona enfrenta el dolor a su manera, y hay quien ni siquiera sabe cómo enfrentarlo. Quizás sería más útil nuestro apoyo que nuestras críticas.

Que por mucho que digamos o hagamos sólo uno mismo sabe la magnitud de su dolor, y tratar de seguir adelante no significa que hayas olvidado.

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14 octubre 2007

Todo ocurre por alguna una razón

"El amor de una madre no contempla lo imposible"
Paddock

Hoy saldé una deuda. No había vuelto a pensar en ello desde hacía muchos años. Cuando algo te turba o te enfrentas a ello o tratas de enterrarlo en lo más profundo de tu memoria. Yo no tenía forma de enfrentarme a ello, con lo que no me quedó más alternativa que olvidarlo.
Sin embargo justo cuando ocurrió el accidente todo vino a mi mente con la misma claridad que si hubiera pasado ese mismo día.
Fue hace ya 20 largos años... sucedió justo en el mismo sitio. Esa mujer apareció ante mi. Frené violentamente y eso evitó que me empotrara contra los coches que justo al otro lado del montículo acababan de sufrir un accidente. Miré alrededor buscando a la mujer, convencido de que debía de ser una de las ocupantes de los coches. No vi rastro de ella.
Llamé a la guardia civil y a una ambulancia.
Cuando llegaron les hablé de la mujer. Comenzaron a buscarla. Y entonces el médico retiró el pelo de la cara de la conductora de aquel Renault 5 naranja... a mi se me heló la sangre.
- No puede ser - dije.
- ¿La conoces? - dijo mirándome preocupado.
- No - dudé yo - pero es que es la mujer que se me cruzó...
- Eso es imposible - dijo él.
- Lo sé - respondí sin saber qué pensar.

Nunca supe qué había ocurrido. Siempre he sido una persona muy racional. Los fantasmas no existen... siempre creí eso...
Averigüé que aquella mujer se llamaba Corinne Buvet, era madre de un niño de tan sólo dos años llamado Raúl. Me pregunté porqué ese niño había tenido que perder a su madre, porqué yo me había salvado... gracias a ella.

Hoy los papeles cambiaron... no sé cómo ocurrió... sólo sé que de repente me encontré en medio de la carretera con un coche viniendo contra mi. Oí el frenazo. Vi la cara de susto del chico que conducía el coche... me volví y allí estaba mi coche, destrozado...

Cuando llegaron los de la ambulancia el chico seguía confuso. Repetía que un hombre se le había cruzado... y que parecía haberse esfumado.
- Tranquilo chico. ¿Como te llamas?
- Raúl, Raúl Gil Buvet

Sí, hoy saldé una deuda... y comprendí que todo ocurre por alguna razón.

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18 septiembre 2007

Sin poder morir

"La muerte no nos roba los seres amados.
Al contrario, nos los guarda y nos los inmortaliza en el recuerdo.
La vida sí que nos los roba muchas veces y definitivamente."
François Mauriac

Estoy aquí, atrapado. Me gustaría escapar, pero sé que es imposible. Quizás eso es lo más duro, saber lo que hay ahí fuera, saber lo que podría ser mi vida, y no poder hacer nada de aquello con lo que sueño. Ahora recuerdo con amargura aquello que me decían: "Soñar no cuesta nada", y no puedo dejar de añadir: "Salvo desilusiones".
Pero sé que para otros es cierto, y aunque suene egoísta eso me fastidia.
Ya están discutiendo otra vez. Antes no discutían, o al menos no delante mío.
Me parece irónico que hablen, o más bien griten, sobre mi futuro como si yo no les oyera, cuando es eso precisamente de lo que discuten, de si yo les oigo o no.
Mamá quiere dejarme ir, darme esa libertad que tanto deseo. Sé lo que le costaría, pero aún así está dispuesta.
Papá en cambio sigue aferrado a la idea de que yo despierte.
Han pasado ya dos años del accidente, y yo soy consciente de lo que pasa a mi alrededor, pero también de que nunca despertaré, al menos no como ellos querrían.
Aún recuerdo la primera vez que escuché a mamá pronunciar esa fatídica palabra: eutanasia.
Fue como si una luz esperanzadora iluminara la oscuridad de mi no-vida. Sería mi libertad...
Pero papá se negó en rotundo. Creo que se siente culpable, y en lo más profundo de su ser cree que la única forma de conseguir el perdón de mamá y el suyo propio sería si saliera del coma. Desearía hacerlo, pero no puedo...
Si tuviera voto en todo esto pediría que me liberaran... pero no tengo ni siquiera voz.
Me limito a dejar pasar las horas mientras veo como todo esto está destrozando a los seres que más quiero. Mientras veo como esto me consume y me agría el carácter...
Mamá llora de nuevo, y yo no puedo consolarla.
Papá se mueve de un lado a otro impotente, y yo no puedo decirle que no fue culpa suya y que es absurdo que se culpe.
Y la abuela, la abuela se aferra a su fe, y pone el grito en el cielo diciendo que cómo pueden siquiera plantearse el matarme, que va en contra de los mandatos de Dios. Y yo no puedo decirle que su Dios no debe ser el mismo que el mío, porque yo estoy seguro que Él estaría de acuerdo en dejarme marchar...

Así que aquí sigo, atrapado, sin poder vivir, sin poder morir.

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25 junio 2007

IN MEMORY

"En cada momento de nuestras vidas
tenemos
un pie en el cuento de hadas
y otro en el abismo"
Once Minutos. Paulo Coelho


Ya no suelo pensar en la muerte... al menos en su aspecto fatalista, lo considero una perdida de tiempo que además deja un sabor demasiado amargo cuando se trata de la de los demás.
Sin embargo ayer la Dama de la Guadaña se coló en mis pensamientos...
Estaba hablando con mi hermano y algo despertó mi curiosidad... él siguió mi mirada. Noté cómo su cara se ensombrecía y con un gesto me mostró el objeto que había captado mi atención... era un recuerdo a la memoria de un amigo suyo, al que se llevó hace poco y sin previo aviso la citada Dama.
Quizás fue la empatía fraternal, quizás que el día anterior vi el rostro triste de otro amigo por la misma causa, y quizás que ayer era 24 de Junio, y que en mi fijación por las fechas no olvido que el día de San Juan fue la primera vez que la muerte me tocó de cerca... no lo sé, y tampoco creo que importe. El caso es que ayer sentí vértigo... ese que acompaña el ser consciente de la fragilidad de la vida, no la propia, si no la de aquellos que amamos...
Dicen que la energía ni se crea ni se destruye, que simplemente se transforma, pero lo cierto es que eso no lo hace menos doloroso para los que se quedan.

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