Recuperar el rumbo
A veces nos ensimismamos tanto en nosotros mismos, en nuestros sentimientos, que nos olvidamos de los demás. Y lo que no deja de resultar irónico, llegamos incluso a dejar de percibir aquello por lo que está pasando la persona por la que creemos sentir algo tan especial que nos ha llevado a ese ensimismamiento.
Es como si de repente tu cerebro dejara de funcionar correctamente, hasta que algo o alguien te sacude y te das cuenta de lo que estás haciendo, o más bien dejando de hacer.
Y temes que sea tarde para ponerle remedio, temes que el daño esté hecho y que por mucho que hagas a partir de entonces no puedas compensar el no haber estado a la altura.
Quizás algún día aprenderé a no perder el rumbo... de momento me conformaré con recuperarlo y buscar la forma de compensar lo que hice y dejé de hacer.
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